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Fue noticia: Visita a Labraza

ACC. Labraza

El pasado 15 de abril el Araba Classic Club y un nutrido número de socios se concentraron en la sede del club para realizar una visita a Labraza. La verdad es que merece visitarla por muchas razones según nos relata el guía gran conocedor de su historia y, además, habitante del pueblo.

Es la villa fortificada más pequeña del País Vasco y, según el Círculo Internacional de Ciudades Amuralladas, que tiene pinta de saber de estas cosas, reconoció en 2008 con la concesión del Premio Mundial de Ciudades Amuralladas. La conservación de la misma la gestiona la Diputación Foral de Álava.

Desde su posición dominante entre los arroyos Labraza y Valdevarón, la villa cuenta con una privilegiada panorámica sobre la cuenca del río Ebro.

Labraza se estructura en tres calles, estrechas, con pasadizos y placitas. Las casas, reformadas o en ruinas, son en su mayoría del siglo XVI, renacentistas. Aún conservan sus bodegas en el subsuelo de la villa

Los muros defensivos que la rodean fueron levantados en la última década del siglo XII. Se mantienen en un estado envidiable debido a la acción de los vecinos del pueblo, que durante generaciones la han ido convirtiendo en su hogar.

En esas paredes de dos metros y medio de grosor, se han ido abriendo ventanas, neveras en las que conservar los alimentos, etc., siendo hoy sus viviendas….

En esa pequeña superficie, no mucho mayor que un campo de fútbol, alberga cuatro torreones, un alcázar, almenas, pasadizos y túneles secretos, saeteras, pasos de ronda…

Reúne todos los elementos para convertirse en un parque temático o un set de rodaje del Medievo.

La iglesia de San Miguel, del siglo XVI, pero remodelada posteriormente, domina el casco urbano… Lo primero que el ojo del visitante se fija es en los arcos que enmarcan las viejas puertas de madera casi petrificada, en los escudos heráldicos, en las piedras de sillería… imponentes, que cumplen su función estando donde deben estar.

Dice la leyenda que un alma en pena deambula por sus callejuelas. Se trata del alma de Pedro Ferrand, un sacerdote “labraceño” asesinado en 1522 en circunstancias extrañas. Una lápida lo recuerda de forma siniestra.

Existe la antigua posada, situada en una mínima y encantadora placita, En tres zancadas se llega a la portada sur que se alza majestuosa.

Con esto concluyó la visita.

Se dio tiempo para callejear todavía un rato, dar varias vueltas al pueblo y descubrir pacientemente los muchos secretos que esconde como …

La Fuente del Moro, del siglo XIV, en cuyo interior encontramos un caño decorado con un rostro moruno. Esta fuente, excavada en la ladera sur de la muralla, contaba con un pasadizo que la atravesaba y que probablemente fuera utilizado para entrar o salir en caso de asedio.

Finalmente, y ya acercándose la hora de comer, todos a sus vehículos ya que el emplazamiento del restaurante estaba en otro lugar.

Buena comida de rancho para llenar bien la panza, tertulia y regreso a casa después de una jornada interesante por lo allí vivido.

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